Es el fin del álbum blanquinegro de un Iquique, que música alegre su historia de madera y cemento: hombres tocando como en carnaval de trompeta, trombón, clarinete, caja y tambor. Es la última página de “HUELLAS EN EL TIEMPO”, álbum para la remembranza, cuando el visitante quiera recordar una y otra vez, latido de una ciudad que ira como el relajo ese oleaje azul y gris de un mar que acampana en la movediza arena y de un cerro anciano cejijunto de alta frente, recostado en el principio del desierto…Y en el comienzo de esa romanza fotográfica brillante que crearon los artistas iquiqueños y esposos Hernán Pereira y Pamela Díaz, está la torre relojera de linaje blanco que marco de gloria las 12:10 del meridiano, cuando Iquique-Chile, nació en pañales de heroica sangre. Verticalidad de un asta de bandera para la horizontalidad del acuerdo entre maderil de balcones y veredas de tableraje anclado a la tradición. Son casi 1810 fotos de cuidadosa iluminación desde el negro en cierre casi total hasta el blanco que lo invade todo, en luz reveladora; es un largo ejercicio de maestría en que la digitación de la técnica, convierte la imagen generalmente petrificada, ahora, asoma en continuo latido al volver las páginas (más de 200) en papel de linaje puro, como amartelando lo atrapado en movimiento perpetuo. Siete capítulos para llevarse lo que sigue siendo presente siendo préterito, y lo que es presente devuelto al recuerdo. Hojear el álbum como de improvisado hurto de visiones, es quedarse atado a las luces y las sombras que cuentan el ser y el mutar de un Iquique donde conviven entres patrimoniales de lo humano, junto al ripio del contruxto social y material, como rostros y ejes de una curiosa antinomía, que se resuelve por sí sola.
En siete capítulos, Ud., visitante, turista, viajero, andarín o curioso habitante recién llegado, se lleva en este IQUIQUE-HUELLAS EN EL TIEMPO” los siete capítulos simbólicos, como los siete de la creación mística (o mítica), de una vida colectiva contada con el ojo inteligente en emoción, cuando recreó los instantes detenidos.
En el capítulo I: “ Los lugares con historia…”(25 fotos) de pronto un atardecer que remonta la mole gris de la noche, en perfecta armonía de tonalidades. También un Quijote señoreando la luz capital del Casino Español, con relieve profundo, o el cuarteto de artistas delante de la soledad de una función teatral huída entre aplausos. Y las escaleras que terminan al borde de otra, construyendo la altura en juego de planos asociados.
En el capítulo II(19) Fotos: “ La fe, la patria y el hombre…” surge Marta la anciana de sonrisa joven ensoñada entre lanas y monedas tejidas en el tiempo, luego asoma la bandera en ruedo de gesta y centro focal; después la nocturna ceremonia del bombero, como asomando la luna artificial, en un destello; las danzas promeseras, las veranculares cordilleranas, blanqueando la luz territorial del tiempo; la risa carnaval y la muerte y su convoy de flores tristes.
En el capítulo III (25) Fotos : “ Construcción de la vida.” Surge un barandal que viaja por tanto edificio, como el balconeo sinuoso del tiempo maderero aún sosteniendo su propio latido; el gavioterío que anuncia la tarde, el escribano de paredes por el amor y los niños de la “Violeta Parra” esperando una tocata en violín, entre grises contrastes.
En capítulo IV (31 fotos): “ Esas manos de tantos días…La presencia humana en runrún de imágenes contrastadas: pescadores, panaderos, vendedora de “ceviche”, la flama de un sartén sorprendida en su misterio continuo, el médico sabio que receta la vida entre blanco y oscuro de ella, el kioskero en vigilia inverosímil de rostros, el tío Lay y su historia, el folclorista maestro mirando la partitura de un cielo sugerido, el antiguo relojero, en fin, el hombre por dentro de sí mismo.
Ya en el V (22 fotos) capítulo del álbum: “
La realidad : fragmento y totalidad” hay diarios en titulares, timbres, papeles antiguos, muebles, locomotora, un ángel de cementerio, un aguaje amanecido, todo construído en el detalle y contraste luz sombra bien concertados.
En el VI capítulo (28 fotos): “Aquí el hogar, la plaza, ventana…está el secreteo de la madre y la lejana calamina del desierto sempiterno pampino, el barrio que prueba la fuerza de los planos obtenidos, la puerta de calle conteniendo la sombra del pasado, el pasaje callejero con su perspectiva en ancho y angosto, el perro, el caminante de regreso, el catre de perillas acodando el recuento en dos planos, el mirar aéreo de casas señoriales suspendidas entre candilejas; todo ello, remarcado por el estudio de ángulos insospechados… y adviene el final con séptimo capítulo y sus 28 fotos “ Cuerpo sano, copa llena…” y las glorias del boxeador que aún combate sus sombra, todo el deporte en giro y estudiando hasta la escena movida, para afiebrar la vida, todos asomados a sus sillas, y tabernas, a sus mesas en esperas, a sus casamientos de miniatura amorosa, la sonrisa de grupo en la quinta de recreo y la marchita final, la del comienzo del álbum contado.
Si Ud., aún busca a Iquique, entre mapas y folletos, entre agencias de viajes y datos familiares, busque a Hernán y a Pamela, y visite su álbum por dentro de nosotros mismos. Y no se olvidará, jamás, de este Iquique mecido con su hamaca de océano y temblores terrenos. Si acaso se encuentra con un ejemplar de esa joya fotográfica, no regatee la suerte de conocernos, en eterno muestrario blanquinegro, pero en riquísimo colorido emocional por dentro de su imagen.
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